Basílica de la Sagrada Familia con carro de bebe

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Accesibilidad: carro-bebemochila-portabebes

Hacía mucho tiempo que quería visitar la Sagrada Familia. Alfredo es un gran enamorado de Barcelona. Siempre andaba diciéndome que teníamos que preparar alguna escapada para que yo lo conociera. Así que, como este año me tocaba a mi organizar nuestras vacaciones, y aprovechando nuestro viaje a Girona, me pareció una buena idea hacer una parada allí.

Tras una visita a la ciudad, la cual nos ocupó la mayor parte del día, llegó el esperado momento. La Sagrada Familia.

Había visto en varios foros que las mejores opciones para comprar las entradas eran hacerlo con antelación o madrugar para no esperar la interminable cola que se forma en la taquilla, y como no disponíamos de mucho tiempo en Barcelona decidí comprarlas por Internet (junto con la de la Casa Museo de Gaudí, fueron unos 18€ cada una).

Al llegar a la Plaça Gaudi, pudimos la Fachada de la Pasión. Tengo que admitir que, al haberla visto en varias ocasiones en prensa o televisión, no me sorprendió mucho, incluso me pareció un poco mas pequeña de lo que pensaba. Los que la conozcáis podéis imaginar la cara de Alfredo cuando se lo dije…… El pobre no salía de su asombro.

La entrada la hicimos por la parte de la Fachada del Nacimiento, donde nos indicaron la forma de subir por una rampa para pasar al interior de la Basílica. Gaudí, al saber que no terminaría su obra, escogió esta fachada para construirla por completo y dar una idea de como debía ser el resto del proyecto: “Si en vez de hacer esta fachada decorada, ornamentada, turgente, hubiese comenzado por la Pasión, dura, pelada, como hecha de huesos, la gente se habría retraído” Y que razón tenía. Esta parte está decorada al detalle con figuras vegetales y florales y contrasta con la sobriedad de la anterior.

El interior es totalmente accesible, por lo que podréis visitarlo con el carro sin problemas. Nosotros accedimos a la planta por el Pórtico de la Caridad, ornamentado con hiedras, hojas, flores e insectos de colores.

Es cierto eso que dicen de que no hay que fiarse de la primera impresión, pues al entrar me quedé impresionada de lo bonita que es la basílica. La claridad, las luces de colores que produce el sol al entrar por las vidrieras de las ventanas, los largos pasillos y sus techos altos decorados con formas a las que no puedes dejar de mirar. Es increíble pensar que una catedral diseñada en 1882 tenga un estilo tan moderno.

Nos hubiera gustado subir a una de las torres, pero al comprar las entradas leímos que no era posible el acceso con sillas de ruedas. Aun así, salimos encantados con la visita.

Hoy hemos visto en la televisión que La Fachada de la Pasión estará terminada en 2016, así que ya tenemos excusa para volver y terminar de ver lo que no pudimos ese día.